
Como odio esta ciudad, me parece tan estresante, la misma gente aburrida, con las miradas perdidas en la oscuridad, como rogando que fueran asesinadas por mi, para darles valor a sus inútiles vidas, para que tengan el gran honor de que alguien como yo, probara de su sangre, todos me parecían tan repulsivos, necesitaba distraerme, por lo que decidí dar un paseo por esa aburrida ciudad, que me agobiaba tanto, exiliado en un pais, que me hacia extrañar cada día que pasaba mi amada tierra. ¡Maldita sea, que aburrimiento!, como extrañaba las noches de libertinaje, que me ofrecían las oscuras, pero calidas calles de mi pais, lo diversión que podía comprar con unas cuantas monedas, las noches de placer se me hacían interminables, pero ahora no tengo nada, debo manejarme con cautela si quiero pasar inadvertido por mis persegidores, ¡demonios! ¡como necesito a una mujer en este momento!, sumido por mis pensamientos, casi pasa inadvertido por mi la hermosura de mujer, que estaba fuera de un tugurio de mala muerte, por un instante hubiera deseado estar vivo, para que ella me asesinase con un doloroso beso de sus frios labios, esa hermosa cabellera, esos hermosos ojos, que lloraban negras lágrimas, con inmensa amargura. Me avergonzé, como un ser como yo estaba pensando en esas tonterías, mi mente decía una cosa, pero mis acciones terminaron por doblegarme y preguntarle a la bella dama, qué le pasaba...


